Mi Castillo está construido pero estoy solo en el. Las puertas se cierran en mis espaldas; mientras un caprichoso viento golpea mi ventana, llorando otra vez por mí. Los relámpagos al anochecer y la niebla matutina, hasta el sol se ha vuelto más frio. Los sufrimientos desaparecen uno detrás de otro, pero todos convergen en mí. Es solamente el destino, no tiene lugar a preguntas, solo el destino de nada; pero sé que en mi partida el viento sollozara detrás de mí.
Mi castillo está terminado; pero que solo estoy en el. Me siento buscando consuelo al frente del fuego, las llamas danzan, como si no importara que las estuviese observando. Sacando mi corazón sosteniéndolo en mi mano, me doy cuenta de lo poco que late ya. Estoy en mi balcón viendo al viento volar concentrado en mis cartas. Es imposible borrar lo que nunca se ha hecho, es imposible redimir los pecados ajenos.
Mi castillo está destruido, ya no estaré más solo. Mis profundos pensamientos salen corren de mi, huyen despavoridos u horrorizados. No quedo más que yo, el fuego danza delante mí, las llamas dándose un festín. Juguetean rebuscando en cada rincón, en donde antes se escondían mis sufrimientos. Rio solemnemente escupo mi destino y de un trago la vitae recorre mi garganta.
Ya no tengo un castillo; pero que solo me encuentro. Creía que las nubes serian mi cobertura, que el sol calentaría y que la lluvia se detendría. El viento ya no sopla y las llamas se fueron a discutir a otro lado. No queda nada, mis deseos desaparecen. Camino cada día un poco más, en un horizonte que nunca termina.
Construyo otro castillo; aunque todavía estoy solo. Las piedras ya no pesan tanto; pero el sol es cada día más frio. El viento regreso a hacerme compañía o a llorar por mí. Mientras construyo veo un fuego a lo lejos, una hoguera impresionante. Apareces entre la niebla una mañana justo detrás de un relámpago que dejaba entre ver tu rostro. Tienes los mismos zapatos gastados que tengo.
Mi castillo está construido; pero no estoy solo en el. Todos los días vislumbro tu compañía y me desespero al saber que eres real. Mis ojos cada día luchan por no llorar, por contener la alegría de verte pasar. Un día en el balcón el viento jugueteaba entre nuestros labios, susurrando algo que no pude entender. Adivine una sonrisa en tu rostro y la grabe para mí.
MI Castillo está terminado; nunca estoy solo en el. Tu embriagadora presencia sucumbe ante mí, haciendo incontables las noches. Espió en tus ojos y descubro una chispa, una pequeña parte de mí. Recorro tu cuerpo, como si no hubiera fin, susurrando tu nombre “Clementine”. Una mañana me levanto fuera, contigo abrazada, y veo a mi castillo arder. No pregunte, aunque tampoco sabía, pero las llamas huyeron de mí. La sonrisa en tu rostro te delata y la mía solo da aprobación.
No tengo un Castillo; pero te tengo a ti…
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